Pensamiento del día.

Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio.

Federico García Lorca (1898-1936) Poeta y dramaturgo español.



Dato ortográfico del día.

Es “mb”, nunca “nb” (ambos).

Es “nv”, nunca “mv” (invierno).

Es “mp”, nunca “np” (improvisar).

Es “nr”, no “nrr” (enroque).



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domingo, 30 de abril de 2017

-ENSAYO- LA OBSCENA BELLEZA EN LAS FOTOGRAFÍAS DE JAN SAUDEK.

 Entre la fotografía y la pintura existe una estrecha relación surgida desde el momento en que empezó a desarrollarse la técnica fotográfica. Desde entonces la línea fronteriza entre una y la otra se ha ido desvaneciendo para lograr una sinergia y un enriquecimiento entre ambas expresiones artísticas.

Anterior al surgimiento del carácter conceptual de la fotografía, ésta era vista solo como un medio para plasmar una imagen lo más cercana posible a la realidad. Cuando empieza a valorarse la fotografía como concepto y no como solo una captura petrificada del mundo real, ésta adquiere un grado de análisis como cualquier otra obra de arte.

Como antecedente de la fotografía conceptual puede considerarse al pictorialismo, que según Baqué (2003) en el arte contemporáneo se ha  “asistido a un retorno del pictorialismo, paralelo a un renovado interés por las técnicas antiguas, sobre todo a lo que podría denominarse el retorno de la Historia” (p. 147). Con lo anterior, el autor hace referencia a  aquellos artistas que han recurrido al uso de la pintura sobre la fotografía, como es el caso de Jean Saudek, fotógrafo y artista plástico checo nacido a principios del siglo XX. Baqué considera este proceso como una actitud nostálgica al pasado, y en detrimento de la resignación al tener que volver a la pintura “para acceder al sacramento de la obra”.

Como explica Incorvaia (2008) la corriente pictorialista, surgida entre 1891 y 1920, pretendía realizar una fotografía “artística” basada sobre todos en temas literarios y alegóricos, recurriendo a una búsqueda formal de procedimientos muy elaborados. (Incorvaia en Sosa, 2014, p. 68)

Los artistas pictorialistas implementaron la aplicación de pigmentos en sus fotografías. Al principio se usaban sales metálicas para variar la intensidad de la luz y se valían de impresiones que permitían hacer raspaduras o aplicar pinceladas. Más adelante se comenzó a colorear las placas espolvoreando pigmentos de oro y plata sobre la superficie. Cerca de 1940 las empresas Kodak y Ansco perfeccionaron las emulsiones en esa constante búsqueda del color. Es cerca de ésta época cuando Jan Saudek comienza a dedicarse a la fotografía. En el prólogo de su libro de 1997, hace referencia al uso de la antigua técnica de colorear las fotografías con colores brillantes que él mismo empleó. Aunque recibió críticas de la prensa, quienes afirmaban que “así no se ve la vida”, Saudek contestó que tenían razón, pero que “¡así debería verse!” (Saudek en Sosa, 2014, p. 68).

Jan Saudek. 
Jan Saudek (1935-actualidad) nació en Praga, antigua Checoslovaquia, cuatro años antes del estallido de la segunda guerra mundial. Al ser hijo de un hombre judío, se vio retenido  por los nazis durante la época en que Alemania ocupó la ciudad de Praga, viéndose apresado junto a su hermano mellizo en un campo de concentración, del que lograron escapar para reencontrarse con su padre, quién había sido retenido en otro campo. Aunado a esto, en el año 1945 Praga es bombardeada por los Estados Unidos al confundirla con la ciudad de Dresde, capital de Sajonia, en Alemania.

El haber pasado por tantos episodios de agresión, represión y violencia durante su infancia, marcó la producción fotográfica futura de Saudek, reflejándose en el espacio escénico que trabaja, los colores que utiliza y la atmósfera de violencia que se respira en algunas de sus fotografías. Y es que aún en su adultez sus creaciones sufrieron años de represión comunista y postcomunista, debido al alto contenido erótico, la explícita desnudez de sus modelos y los conceptos obscenos que maneja detrás de cada fotografía.

El mismo Saudek hace referencia a su infancia, asegurando que “…el país todavía era comunista y el miedo era omnipresente (…) Todavía siento la censura de esos tiempos infelices, e incluso ahora me siento incapaz de ser creativo en un modo desinhibido”. (Saudek, 1997, p. 6).

Sus inicios en la fotografía tampoco fueron muy alentadores. Recibió su primera cámara a los quince años y un año después coloreó una foto que su madre mostró al médico de la familia, quien la catalogó de kitsch, mala y con un estilo pasado de moda. Estas desalentadoras palabras alejan a Saudek de la fotografía, sin embargo, marca el inicio de su técnica artística por la que sería, en conjunción con su estética obscena, criticado continuamente. Y es que la evidente obscenidad que impera en la mayoría de sus fotografías ha sido blanco de fuertes críticas a lo largo de su carrera, consideradas por algunos críticos y el público en general como alejadas de la belleza, desmoralizantes, grotescas, obscenas y perversas.

Para entender un poco más las críticas que ha recibido el arte fotográfico de Saudek es necesario conocer lo que socialmente es definido como belleza y fealdad. Según Santo Tomás de Aquino “lo bello consiste en la debida proporción, porque el sentido se delecta en las cosas debidamente proporcionadas…” (Aquino en Galicia, 2010, p. 21).

Si la belleza es la debida proporción, entonces la fealdad puede asociarse con la falta de proporción y forma armónica. “La fealdad tendría que alejarse de la concepción estética de la belleza, pues entendemos como feo al fenómeno de la realidad adverso a lo bello.  (Diccionario soviético de filosofía, 1965 en Matellanes, 2009, parr. 1). Sin embargo, esta relación entre lo bello y lo feo es mucho más compleja que una simple oposición. Se podría afirmar que a través del arte la fealdad ha adquirido un valor estético. Incluso podría asegurarse que los efectos de la experiencia de la fealdad son más intensos que los de la experiencia de la belleza, logrando un impacto mayor y más duradero con la estética de lo feo. Ya incluso Plotino afirmaba que “debemos recordar que lo feo y lo malo nos impresionan con mucha más fuerza que lo agradable”.  (Plotino en Matellanes, 2009, parr. 1).

En sus fotos controversiales, más allá de cuerpos desnudos, obesos, con excesos y falta de proporción y forma armónica, lo que hace bella la fotografía de Saudek es la convivencia casi perfecta que existe entre la belleza y la fealdad, el concepto detrás de cada retrato, los colores, la técnica, el espacio escénico y la peculiaridad de sus modelos, opuestos a los tradicionales que si cumplen con el canon del cuerpo con las medidas y proporciones perfectas.

Vicent Fic, doctor de Filosofía en Arte por la Universidad de Aarhus, Dinamarca, dice de Jan Saudek:
La mirada de Saudek es compleja, oscura, perturbadora en todos sus aspectos. Sexo, deseo, muerte, inocencia, lujuria, ironía, belleza, envejecimiento, se mezclan y compiten en su obsesiva figuración de realidades filtradas de emociones. Introducirse en las imágenes de Saudek resulta una experiencia inquietante, un ir y venir entre la atracción y la repulsión, entre la conciliación y la confrontación. Sus fotografías evocan verdades que se evaden cotidianamente, desde sus más amargas perspectivas, o desde la más intestina nostalgia. La vulnerable sensualidad de sus cuerpos es al mismo tiempo grotesca crueldad y enajenación. Imágenes de la alegría y la esperanza en constante conflicto con las de la tragedia y la desesperación, en ocasiones dentro de una misma obra.
Su combinación es implacable y provocadora. El conflicto y la interna fragmentación que trasmite resultan dolorosos. Reiteradamente permite descubrir los más profundos deseos, la dulzura y el placer, pero sin alejarse del recuerdo, del sufrimiento, de la mezquindad del mundo. Sus imágenes pretenden afirmar que la belleza, el amor y la compasión existen, pero a su vez que acaban siendo ilusorias y transitorias, que nada es suficiente, que la soledad, el tiempo, la desesperación o la muerte son inevitables. (Fic en www.enfocarte.com, La provocadora obsesión de Jan Saudek, parr. 1 y 2)
El propio Saudek define su arte como kitsch: “No creo que la obra sea diferente del trabajo de otros fotógrafos. Yo lo llamo kitsch, pero hay quien dice que es porno blando. Fotografía erótica, pornografía…. No existe esa distinción. Está en el ojo del espectador…”. (Saudek en Hanson y Kroll, 2011).

Para Norbert Elías (1998) “…el concepto de kitsch no es otra cosa que una expresión para la tensión entre el rico y bien desarrollado gusto de los especialistas, y el subdesarrollado e inseguro de la sociedad de masas.” Sin embargo, la obra de Saudek no se queda en lo kitsch, sus fotografías también han sido catalogada como perversas.

Según Fabiola Iza (2011),
“La perversión se asocia generalmente al ámbito de lo sexual, a encontrar el placer en prácticas que no son el propio acto sexual sino otras relacionadas a éste. Onanismo, voyerismo, sadomasoquismo, coprofilia, entran en el plano de la perversión. Muchos poetas, pintores, dramaturgos, filósofos y demás han sido censurados por su obra e ideas que se les etiquetan bajo este nombre. (parr. 3)

Black Sheep and White Crow
(Oveja negra y cuervo blanco) -2011-
 (Fotografía de Jan Saudek). 
Ejemplo de lo anterior es el incidente ocurrido a Saudek el 21 de agosto del 2011 cuando su fotografía Black Sheep and White Crow (Oveja negra y cuervo blanco) en la que aparece una chica impúber semidesnuda fue retirada de la Ballarat Internacional Foto Bienal antes de su inauguración por reclamos de prostitución infantil.

Kitsch, perverso, erótico, incluso grotesco; varios son los adjetivos utilizado por los críticos para referirse a la obra de Jan Saudek, pero el más recurrente, el que prácticamente ha llegado a definir su estética es “obsceno”. Al ser la obscenidad el eje central de esta investigación, es necesario referenciar algunos autores que se hayan acercado a una definición de este término.

Según Jerzy Ziomek (1990) “Llamaremos obscenidad la violación de la prohibición de costumbres en el lenguaje. Lo obsceno puede, pero no tiene que ser erótico. Lo «obsceno» es un concepto lingüo-sistémico: existe en la medida en que existe lo «no obsceno»”. (p. 256).

Por otra parte, Naief Yehya (1996) afirma:
Lo obsceno se define burdamente como vulgar, grotesco, soez, excesivo o inmoral. Pueden considerarse obscenos tanto los procesos genitales como las excreciones pero también todo aquello que pertenece al ámbito de lo privado y que por alguna razón ha sido trasplantado a la esfera pública. Son obscenos aquellos actos que pueden ser naturales pero que fuera de contexto parecen ofensivos, repugnantes o provocadores. (p. 12).

Gonzales (2012) asegura que,
“…la obscenidad, introduce un cambio en la significación de la representación del cuerpo desnudo, que en principio puede incomodar al espectador al mostrarle detalles, lugares y/o situaciones que podrán considerarse de carácter más privado o íntimo, pero, que en ultimas, aunque incomodo, el espectador consume según su relación estética de placer, asco o dolor, ya que bien, lo que consume, sólo es una representación de lo real, un signo de veracidad…” (p. 44).

De igual forma, Gonzales (2012) hace referencia a la desnudez y la obscenidad en la fotografía aseverando que “…El cuerpo desnudo y sexual en la fotografía en el orden imaginario de una realidad exacerbada, por su evidencia, da cuenta de una obscenidad que rompe con la distancia visual entre lo que se ve y lo que se muestra, entre el espectador y su objeto del deseo…” (46).

Es por lo anterior que las fotografías de Saudek son consideradas obscenas: muestran lo que “no debe ser visto”, aquello que es impúdico, actos que al estar fuera del contexto en el que deberían exhibirse o desarrollarse son percibidos como inmorales, ofensivos y provocadores. Sin embargo, a pesar de que en la mayoría de su producción fotográfica sus modelos están desnudos, los genitales muy pocas veces son el centro o punto focal de las fotografías, simplemente están allí, como parte del cuerpo, como elemento constitutivo de la anatomía humana.

A pesar de que la obscenidad es imperante en sus fotografías, estas no cruzan el límite que las lleva al territorio de la fealdad, al contrario, con el uso arbitrario del color, la simetría en la disposición de los cuerpos y objetos en el espacio, la desfachatez y la ironía, la picardía e inocencia de sus modelos, Saudek logra presentar la belleza entre el exceso de piel, grasa, celulitis, perversión, violencia y sexualidad desenfrenada.

Jimarino (2008), afirma que el estilo de Saudek se caracteriza por “…cuerpos desnudos, un erotismo descarnado y en ocasiones obsceno, y un afán por hacer que sus instantáneas sugirieran historias al observarlas, que evocaran continuidad más allá de lo que reflejaba la imagen estática.” (parr. 2).

¡Adiós Jan! (Fotografía de Jan Saudek)
En concordancia con lo dicho por Jimarino sobre la intención de sugerir historias en sus fotografías, se puede hacer referencia a varias fotos de Saudek que al ser vistas transmiten algo más que una simple imagen estéticamente producida. El final de la orgía puede sugerir al espectador los excesos que acarrearon  la consecuencia que se presenta en la fotografía. ¡Adiós Jan! permite la elaboración de preguntas por parte del espectador, ¿Quién es Jan? ¿Por qué la joven se suicida? ¿Acaba con su vida a causa de un hecho vivido con Jan? ¿Ese Jan de la fotografía es el mismo fotógrafo que la toma? ¿Por qué tanta alegría instantes antes de matarse? Por otra parte, en La lección de violín el espectador puede tratar de descifrar que historia se esconde detrás de aquella alumna y su profesora de música.

The Violin lesson (La lección de violín) -2001- 
(Fotografía de Jan Saudek)
Detrás de los desnudos considerados obscenos, detrás de la desproporción en los cuerpos de sus modelos, más allá de las expresiones eróticas y sexuales presentes en sus fotografías, existe un concepto, una idea, un mensaje que el autor desea transmitir: “capturar todas las cosas que conozco y amo, pero sobre todo me gustaría dejar una huella del tiempo en que he vivido”. (Saudek, 1997).

La desnudez femenina y la belleza de sus cuerpos mayormente desproporcionados es su principal fuente de  inspiración, aunque en sus desnudos se encuentran uno que otro personaje masculino. El mismo Saudek (1997) asevera  “El cuerpo humano me excita, el femenino sobre todo…”.

Sus primeros trabajos se caracterizan por evocar la infancia, ejemplo de ellos son sus fotografías El destino desciende hacia el río llevando dos niños inocentes y Tentación. Más adelante se dedica a retratar la evolución del niño en adulto, como puede observarse en sus trabajos Diez años de Verónica, Diez años en la vida de Marketa  y Doce 
años en Miroslava.  

El destino desciende hacia el río llevando dos niños inocentes  (Fotografía de Jan Saudek).

Desde su madurez como artista hasta la actualidad sus temas han sido una constante:

Incest (Incesto) -1988- (Fotografía de Jan Saudek).
-La sexualidad: es el tema más recurrente en Saudek. En sus fotografías presenta la diversidad de comportamientos sexuales del ser humano, sin hacer de ellos una crítica. Las relaciones homosexuales; el incesto (Incesto); las filias y el sadismo, la relación entre personas de edades distantes, son algunos de ellos;

-La relación hombre-mujer: aquí va más allá de las relaciones sexuales, presentando su visión del matrimonio, sus ventajas, bondades, complicaciones, la violencia en la pareja, la sexualidad desenfrenada, el matrimonio por conveniencia o por obligación, entre otros;
Pieta (La piedad) -1990- (Fotografía de Jan Saudek).

-El comportamiento erótico-reflexivo en la mujer, la inocencia, la picardía, la relación entre niña y mujer, madre-hija, hermanas;

-La religión: una crítica a la falsa moral, al fanatismo religioso, así como una re-contextualización de los íconos cristianos (por ejemplo La piedad).

Así mismo son representativas sus fotografías con varios personajes donde los retrata primero vestidos y luego desnudos. En otras, hay personajes con antagonismos claramente manifiestos, como los que pretendió dotar de mayor fuerza las imágenes. En algunas de sus fotografías de escenas humorísticas se permitió aparecer como un actor más entre sus modelos.

Según Sosa (2014) la obra de Saudek,
“…pareciera hacerse referencia a la vida personal del autor. Su obra está dedicada a construir una especie de “novela personal” que narra su vida; sin embargo, no es posible llamarla autorretrato debido a que “ya no hay un sujeto que elabora un discurso (…) no sabemos nada y quizá no haya nada que saber más allá de esas representaciones”. (p. 69).

En su biografía (1997), Saudek afirma, “No tengo la posibilidad de retratar la vida de otras personas.  Retrato la mía propia”. Esto pareciera ser la respuesta a lo que Sosa  llama el “autorretrato” que Saudek hace de su propia vida en sus fotografías.

De igual forma, Sosa (2014) se refiere a la producción fotográfica de Saudek, afirmando que,
“…lo que hace, sobre todo, que esta producción sea reconocida como tal es la constante manifestación de un concepto, la búsqueda de significados (…) Al ver sus retratos, se genera una sensación de ensueño, como si nada de ello en verdad existiera.
El cruce entre las diferentes técnicas artísticas habla de un nuevo modo de generar arte, que ha excedido sus límites y está buscando redefinirse. (p. 70)

Así como el desnudo es característico en la producción artística de Saudek, el espacio escénico también juega un papel preponderante en sus fotografías. El haber vivido en un campo de concentración es el principal antecedente del encierro que viven sus personajes. Aunado a esto, debido a la represión política del régimen comunista de su época, escondiéndose de la policía secreta que tachaba sus fotografías de inmorales y contrarias a la política gobernante en la República Checa, Saudek empezó a trabajar en el sótano de su casa, un espacio reducido que contaba con una sola y diminuta ventana. De esta forma, las fotografías de Saudek se ven configuradas en una paleta de colores vivos que se contrapone al aspecto mohoso, ruinoso y abandonado de las paredes.

Salcedo (2013) considera que,
“El sótano de Saudek se ha vuelto el símbolo de su obra fotográfica, en donde sus sueños se hacen presentes y siguen las leyes de su propio mundo, de tal manera que al mirar una de sus obras, el espectador se ve inmerso y tocado por un acto estético que sublima el espíritu humano. Se nota que Saudek le dio la espalda al mundo y se recluyó en su micro-mundo, al parecer, para evitarse el dolor de una realidad agresiva y mordaz, aunque de vez en cuando se percibe, sutilmente, que el horror se coló por la lente de la cámara, ese que hiere el alma y le deja una impronta al hombre, aunque afortunadamente algunos logran hacer grandes obras de arte a partir de sus heridas”. (parr. 9).

Saudek ha recibido grandes reconocimientos que dan fe de su talento como artista. En 1990 fue nombrado caballero de las Artes y las Letra por el Ministerio de Cultura de Francia; en el 2006 es galardonado en su país con el premio Artis Bohemiae Amicis por su contribución a la reputación artística de la República Checa.

A pesar de las innumerables críticas y la cantidad de detractores que ha sumado a lo largo de los años, Jan Saudek es considerado actualmente uno de los fotógrafos más influyentes en la historia de la fotografía. Si bien su obra no es bella en base al canon establecido, lo es por la reivindicación que hace a los cuerpos grotescos, eróticos y obscenos, con un estilo mordaz y único que caracteriza su producción artística y que es reconocible a simple vista.


 Referencias.

Baqué, D. (2003). La fotografía plástica: un arte paradójico. Barcelona: Gustavo Gilli.
Eco, U. (2007) Historia de la belleza. Barcelona: Lumen. p. 438.
Eco, U. (2007) Historia de la fealdad. Barcelona: Lumen. p. 460.
Elías, Norbert. (1998) La civilización de los padres y otros ensayos. México: Norma.
Fic, Vicent. (s.f.) La provocadora obsesión de Jan Saudek. Recuperado el 23 de agosto de 2016. Disponible en: http://www.enfocarte.com/2.14/fotografia.html
Galicia, M. (2010) La estética en Tomás de Aquino (Seminario). Universidad Popular Autónoma del estado de Puebla, Puebla. Recuperado de: https://filosofiaupaep.files.wordpress.com/2010/07/ggma19052010.pdf
Gonzales, J. (2012) Cuerpo y obscenidad en los medios: un acercamiento estético a la mediación intersubjetiva de la pornografía. (Tesis de Maestría). Universidad Nacional de Colombia, Medellín.
Hanson, D.; Kroll, E. (2011) The New Erotic Photography Vol. 1. London: Taschen, pp. 320.
Iza, F. (2011) El fetiche perverso de la obra de arte. Recuperado el 28 de agosto de 2016. Disponible en: http://registromx.net/impresos/18perversion/bunkerelfetiche.html
Jimarino. (2008) Jan Saudek. Recuperado el 20 de agosto de 2016. Disponible en: https://jimarino.com/2008/01/13/jan-saudek/
Matellanes, I. (2009) El concepto de fealdad en el arte. Recuperado el 26 de agosto de 2016. Disponible en: http://www.sarasuati.com/el-concepto-de-fealdad-en-el-arte/
Salcedo, E. (2013) La fotografía introspectiva de Jan Saudek. Recuperado el 23 de agosto de 2016. Disponible en: http://www.sarasuati.com/el-concepto-de-fealdad-en-el-arte/
Saudek, J. (1997). Photographs 1987-1997. Madrid: Taschen.
Sosa, M. (2014) Jan Saudek: la paradoja de la fotografía artística. Creación y producción en diseño de comunicación, 10(4) 67-70. Recuperado de: http://fido.palermo.edu/servicios_dyc/publicacionesdc/archivos/507_libro.pdf
Yehya, N. (1996) Pornografía y obscenidad: la crítica de la cultura desde sus orígenes. Revista de la Universidad de México, 546-547, 8-13.
Ziomek, J. (1990) La pornografía y lo obsceno. Criterios, 25-28, 244-264.

Angel Pacheco D'Andrea.
30/04/2017.


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domingo, 23 de abril de 2017

-ENSAYO- CAVILACIONES SOBRE “EL ESPACIO VACÍO” DE PETER BROOK.

¿Sabe por qué triunfa el teatro, por qué ha vuelto la gente al teatro?
Porque el teatro no trata de nada en concreto.
Trata de la vida. Es la vida.
-Peter Brook-


En mis inicios actorales, cuando pertenecí a un grupo teatral en mi ciudad natal, mucho antes de iniciarme universitariamente en el arte de la interpretación, pensaba que un teatro sin escenografía era absurdo, simple y vacío. En mi neonato pensamiento como artista no cabía la idea de que podía existir un espacio vacío en el escenario; más aún, pensaba que para que un personaje fuese exitoso debía estar repleto de la parafernalia correspondiente: vestuario, utilería, maquillaje, peinado y un toque de exageración y comedia barata.

Por mi bien, es importante dejar claro que todas estas frivolidades no eran culpa directa del grupo al que pertenecí, eran mías, creencias vagas alimentadas por fundamentos vagos, basados en mis vagas experiencias con el arte interpretativo en aquel entonces. Cabe aquí otra aclaración: no estoy juzgando mi primitivo pensamiento artístico, es normal que al iniciar en una disciplina prácticamente desconocida se tengan solo impresiones superficiales generadas por la referencias más cercanas,  en mi caso: las telenovelas, el cine comercial y unas cuantas representaciones teatrales en las que tuve la oportunidad de participar durante la primaria y el liceo.

Aunque en la actualidad sigo sintiéndome atraído por una pieza con magnánima escenografía, desbordante utilería, impactantes vestuarios y maquillajes camaleónicos, mi pensamiento se ha modificado por la experiencia, la lectura y la práctica. Hoy en día, veo estos como elementos como refuerzos que sirven de “postre” para el actor y el espectador. El verdadero alimento, el plato fuerte y principal es la interpretación, en ella se encuentran todos los nutrientes, lo demás son solo azúcares, grasas y aderezos.


Justamente lo anterior es presentado por el director británico Peter Brook en que es su libro más conocido: “El espacio vacío” (1968). Pero esta obra magistral de la teoría teatral contemporánea no trata solo en sus líneas la idea de un teatro libre de escenografía e indumentaria, el “Espacio Vacío” va  más allá, internándose en las coyunturas del teatro moderno, indagando en la experiencia del actor, la percepción del público y la más idónea forma de representación teatral según Brook, quién es considerado el pionero en el Teatro Experimental británico.

Peter Brook (1968) da inicio a su libro con la siguiente frase: “Puedo tomar cualquier espacio vacío y llamarlo un escenario desnudo. Un hombre camina por este espacio vacío mientras otro le observa, y esto es todo lo que se necesita para realizar un acto teatral” (p. 1). Con esta frase, Brook hace alusión a la teatralidad, acto que “…implica un sujeto que mira y un objeto mirado y supone que el objeto - lo mirado- es concebido como ficción por el sujeto mirante -el espectador-. Es un fenómeno en un acto de representación, se requiere, no sólo del sujeto espectador, sino que este sujeto entienda el objeto mirado como ficción, representación (Féral en Domínguez, p. 1).

Lo elemental en una representación es la presencia del actor y del público, lo demás es solo un complemento, es por ello que un buen director debe centrarse principalmente en la actuación y luego en la producción. De igual manera el actor, debe ocuparse de su interpretación, la imagen física es el  valor agregado.

Didácticamente, Brook divide el contenido del libro en cuatro partes que, si bien trata cada una  distintos aspectos del teatro, en el trascurrir de la lectura todas se relacionan entre sí. La primera de ella es llamada por Brook El teatro mortal. Particularmente, cuando ´leí esta frase la relacioné directamente con el teatro efímero; sin embargo, al internarme en el capítulo me percaté de que se refería al “mal teatro”, al teatro comercial, aquel que trabaja con magníficas escenografías y una gran producción con la única finalidad de abarrotar la taquilla.

En este punto inserto mi opinión al respecto: Todo teatro que obtenga beneficio económico por su representación merece ser llamado teatro comercial. Pero no todo teatro comercial es llamado “buen teatro”. La diferencia radica en que el mal teatro comercial utiliza todo su esfuerzo en producir una pieza que venda, mientras que el buen teatro produce buenas piezas, con buenas actuaciones y un gran contenido conceptual, un “algo” que debe decirse. Estas últimas producen dinero por su éxito en el contenido,  no en la forma, o al menos ésta última  pasa a jugar un segundo plano.

Respecto al teatro mortal, Brook señala que cada día son menos los espectadores conocedores de teatro que asisten a estas producciones, ya que no van más allá de las grandes escenografías y efectos audiovisuales, que ya han cansado al público. Todo tiene un límite, un punto de quiebre, y en el arte esto se ha hecho evidente con los movimientos artísticos a lo largo de la historia, siempre contestatarios a la corriente anterior, buscando la renovación. Así mismo, a mi parecer, está ocurriendo con el teatro: las grandes producciones ya no ofrecen al público nada nuevo, no le sorprenden.  Los espectadores se encuentran a la expectativa de un nuevo teatro, quizá más íntimo, con más contenido que imagen, que les haga reflexionar y pensar al salir de la función y no solo les divierta o aturda con efectos visuales que no les dejan más que una buena imagen.

Como segundo capítulo del libro, Brook discurre en la explicación de lo que él llama Teatro sagrado, teatro donde lo “invisible se hace visible”. En este apartado, Peter Brook reflexiona sobre la necesidad de decir “algo”, de comunicar público un contenido.
Considero que ese “hacer visible lo invisible” de refiere a transmitir al público lo que se quiere decir sin recurrir a los lugares comunes, lo elemental, lo que está a simple vista, lo básico. El actor tiene la difícil tarea de hacer creer al público lo que no es; de mentir con tal descaro que haga ver al público lo que no existe, lo invisible.
Para hacer arte es esencial tener algo que decir, y no sólo eso, sino la necesidad de decirlo, de otra manera, solo se estaría haciendo simple entretenimiento. El teatro sagrado es aquel que encara la vida desde la realidad y le hace ver al público lo que le es imposible ver o lo que no ha querido ver.

El tercer capítulo del libro es titulado el Teatro tosco. Brook la cataloga como el “teatro popular”, el que se hace en lugares no convencionales, teatro que, al estar más cercano al público es, según Brook, el teatro que salva una época.

Esta tipo de teatro es más directo, impactante, tajante, encuentra sus temas en lo cotidiano, lo presente, lo más próximo a la realidad actual del hombre. De acuerdo a sus características, se me es fácil relacionar el teatro tosco con las tendencias contemporáneas (happening, performance, deformance, instal’acción…) que buscan interpelar al público con mayor cercanía, sirviéndose para ello de los temas más actuales, la proximidad física con el espectador, la rebeldía, la sorpresa, la crítica directa, intentando convencer al espectador que lo que ve realmente ocurre, y no solo en la representación, sino en la cotidianidad de sus vidas.

Por último, Brook se refiere a un Teatro inmediato. Este tipo de teatro rechaza la impostura, busca la sencillez, la verdad. En este capítulo, Brook cavila, entre muchas otras cosas, sobre la influencia de la escenografía, el vestuario y la utilería en interpretación del actor y, en consecuencia, en el resultado de la pieza teatral.

Peter Brook presenta al ensayo como la vía para conseguir una buena interpretación. Señala que un actor debe ir a cada ensayo “limpio”, libre de imposturas o acciones preconcebidas. Cada ensayo es una búsqueda y de él deben registrarse mental y corporalmente lo que sirva para enriquecer el personaje y al actor como intérprete.

“El espacio vacío” es un libro que lleva a reflexionar sobre el papel que juega el teatro en la sociedad; el nivel de entrega, dedicación y esfuerzo de los actores, directores y demás profesionales del teatro para con su público y su compromiso como comunicadores.

Peter Brook abre los ojos a los actores que aún no han caído en cuenta de la dificultad de su arte. “El espacio vacío” es un llamado de atención a esos intérpretes que no ven más allá de la forma, la fama y la postura, dejando olvidado lo esencial: la verdad en la interpretación.

Angel Pacheco D'Andrea.
23/04/17

Referencias.

Brook, P. (1968) El espacio vacío. Recuperado de: [https://aulademusicamartinsarmiento.files.wordpress.com/2012/09/brook.pdf]

Domínguez, M. (s.f.) La teatralidad en nuestras culturas aborígenes. Recuperado de: [http://dramateatro.fundacite.arg.gov.ve/ensayos/n_0004/la_teatralidad_en_nuestras_culturas.htm]

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sábado, 15 de abril de 2017

-ENSAYO- LA IMPORTANCIA DE LA FIGURA INFANTIL EN LA PIEZA TEATRAL "MACBETH".

La inocencia de un infante es el mayor obstáculo para un tirano. Desde un posible “rey de reyes” judío hasta la profecía de tres ancianas brujas, la historia de la humanidad ha demostrado a través de la literatura que la amenaza de perder el trono codiciado entre las puras y nobles manos de un niño desatan en un opresor los más terribles propósitos.

Los hijos y la figura infantil juegan un papel preponderante en la trama de Macbeth. Desde el primer encuentro con las brujas es presentada la imposibilidad del matrimonio Macbeth para lograr descendencia. Paralelo a esto, las ancianas anuncian el futuro de Baquo como padre de reyes. Esta profecía hace florecer en Macbeth un germen de rivalidad que más adelante se transformaría en la espiga que urdiría los planes de muerte contra su más fiel amigo. 

La ausencia de herederos en el matrimonio Macbeth se hace presente de manera implícita en el accionar de la pareja. Que el vientre de Lady Macbeth no haya sido fecundado por la sangre de su marido no fue escrito por casualidad. Si ésta hubiese arrullado entre sus brazo a un niño, la historia habría sido otra. La felicidad producida en ella y en el señor de Glamis por el nacimiento de un hijo posiblemente se habría apropiado del lugar ocupado por el deseo impuro de un trono no correspondido.

Los hijos son la descendencia, y en las monarquías representan la continuidad en el poder, la permanecía de un linaje en el trono, el honor de un padre heredado en la sangre. Esto puede reflejarse en la decisión que toma el Rey Duncan al nombrar como sucesor al trono a su hijo Malcom; medida obvia para cualquiera que conozca el sistema de sucesión en una monarquía, pero para Macbeth, quién había recibido una sentencia de poder por parte de las brujas, el decreto del rey le resultó indignante. De esta manera, puede evidenciarse el papel que juegan los hijos de Duncan en la trama de Macbeth: suscitar la envidia y los celos del Señor de Glamis, sentimiento que le lleva  a  asesinar a su propio primo, el Rey de Escocia.

Este primer homicidio fue el punto de partida que transformó a Macbeth en un asesino y poco tiempo después en un despiadado infanticida. Posterior al magnicidio, Macbeth desarrolló una mente criminal obstruida por el ansia de poder que le llevó a ordenar el asesinato de su amigo Banquo y de su pequeño hijo Fleance. Esta criatura inocente era la representación de una profecía que obstaculizaba la permanencia en la corona del codicioso Macbeth y su muerte fue vista como la salida más fácil: si el único hijo de Baquo moría, el vaticinio de las brujas sobre la descendencia monárquica que éste dejaría no tendría base alguna. Sin embargo, Macbeth no contaba con la avidez del pequeño niño, quien huyó sin rumbo la noche en que presenció el cruel asesinato de su padre.

La huida de Fleance originó un resentimiento en Macbeth hacia los infantes, teoría que se prueba escenas después, cuando el tirano ordena el asesinato de los hijos de Macduff. Este accionar de Macbeth no es una decisión irreflexiva, va más allá de un simple capricho. Sabiendo que Macduff abandonó a su familia para traicionarlo y aliarse  al ejército inglés liderado por Malcom, hijo del difunto Rey Duncan y verdadero heredero del trono, Macbeth, conociendo la importancia de un hijo para su  padre, ve en las criaturas la posibilidad de una reprimenda cruel e inhumana. Este infanticidio es un hecho crucial en la historia, ya que propicia la determinación absoluta en Macduff de cobrar venganza con la sangre de Macbeth.

Paradójicamente, luego de tramar los actos más crueles para evitar que un niño o los hijos del rey le despojasen del trono inmerecido, Macbeth termina asesinado por la pieza central de la profecía de las brujas: un hombre apartado del vientre de su madre antes de nacer. Un hombre que fue niño.  

Angel Pacheco D'Andrea.
15/04/17
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viernes, 14 de abril de 2017

-ENSAYO- CONSIDERACIONES SOBRE LA "LINGÜÍSTICA GENERAL" DE FERDINAND DE SAUSURE.


Ferdinand de Saussure, lingüista suizo de mediados del siglo XIX y principios del XX, pasó a la historia de la lingüística con su libro Curso de Lingüística General (1916), en el que ofrece, por primera vez, una delimitación del objeto de estudio de esta ciencia que, anteriormente, solo se dedicaba a la normatización y dejaba en segundo plano la descripción y el análisis.

Para Saussure la lingüística tiene un objeto de estudio claro: la lengua, que a su vez se sirve a sí misma como instrumento de análisis; es decir, la lengua se estudia y analiza. Lo anterior guarda relación con la “reflexividad”,  última propiedad del lenguaje propuesta por Hockett (1971) en su Curso de lingüística moderna, donde afirma que “en una lengua es posible comunicarse a cerca de la comunicación misma” (p.  566). Esto puede compararse análogamente con un psicólogo que se sienta en su mismo diván.

El lenguaje es multiforme: es físico porque el hombre lo lleva a cabo con su cuerpo (al escribir, la manos; al hablar, el aparato fonador; en el lenguaje de señas, las extremidades superiores y el rostro);  psíquico porque involucra un proceso cerebral de análisis-emisión –análisis-respuesta, y fisiológico porque es resultado de una necesidad del hombre.

Lenguaje es comunicación y lengua es el sistema utilizado para llevar a cabo el proceso comunicativo. El lenguaje es un sistema heterogéneo: en él conviven y convergen todas las lenguas, con sus diferencias y similitudes. A diferencia del lenguaje, la lengua es homogénea: se basa en acuerdos preestablecidos, cerrados y solo modificables por sus hablantes, es decir, todos sus elementos se unifican y complementan.

La lengua es parte vital del lenguaje y el habla pieza influyente en la lengua; y aquí se vislumbra un dilema: existen grandes diferencias entre lengua y habla, pero el común denominador puede no encontrar divergencia alguna entre ellas.

Tanto lengua como habla son elementos del lenguaje. Sin embargo, la lengua es, técnicamente, un sistema de signos regidos por un conjunto de normas establecidas por un grupo de lingüistas en relación al uso que le da una sociedad a una lengua determinada. Por otro lado, el habla es el uso que un individuo le da a esa la lengua. Ésta es heterogénea, puede variar dependiendo de muchos factores (idioma, espacio geográfico, entorno y clase social, nivel educativo…) En pocas palabras: la lengua es expresión de lo social y el habla de lo individual. Aunque pueda parecer que la lengua tiene mayor importancia que el habla, es importante destacar que esta última es fundamental para que aquella se establezca, ya que el desarrollo y la permanencia de una lengua es producto, en gran medida, de la acción del habla. La lengua establece los signos lingüísticos a utilizar y las normas que los rigen como elementos de un sistema, mientras que el habla es la libertad que tiene cada hablante para organizar dichos signos.

Significar es darle una imagen (acústica, visual, táctil…) a un concepto. Un signo es una representación arbitraria y no guarda relación directa con lo que representa; es un código establecido por convenciones sociales. Un ejemplo de lo anterior es el signo de la paz: éste no ofrece ninguna relación física que le relacione con la utopía de un mundo perfecto, sin embargo, al acordarse que este significado –la paz– sería expresado a través de este significante –un círculo con tres líneas que evocan un avión de guerra observado desde una vista cenital– queda establecido dentro del lenguaje y su uso adquiere significado.

                Al hablar de signo lingüístico, se hace referencia al conjunto de fonemas establecidos arbitrariamente por el hombre que permiten su organización casi ilimitada para la formación de palabras que, de forma impuesta, sirven de significante a un significado (contenido mental que se desea expresar: concepto).

En el estudio de la lingüística, el lingüista  se encuentra en la posibilidad de llevar a cabo dos niveles de investigación: el sincrónico y el diacrónico. El primero de ellos es el sincrónico, aquel en el que se analiza y estudia la lengua en un momento determinado: la lengua como sistema. El estudio diacrónico, a diferencia del anterior, se desplaza en el tiempo: su objetivo es estudiar la evolución de la lengua, su desarrollo desde sus inicios hasta la actualidad  o de un período de tiempo determinado, incluso comparando la evolución temporal de una lengua con otra.

La estructuración de los contenidos en la lengua en está basada en dos ejes: El eje sintagmático y el paradigmático. El primero está fundamentado en el valor de linealidad de la lengua. Esta característica permite comprender que en el sistema lingüístico se ubica un signo detrás del otro: nunca habrán dos significantes al mismo tiempo.  Al igual que Saussure, Charles Hockett (1971) toma en cuenta este aspecto, al que incluye como una propiedad del lenguaje denominada carácter discreto,  función que detalla la capacidad que ofrecen las lenguas de reemplazar un significante por otro sin tener que modificar los aledaños.

Por su parte, en el eje paradigmático se encuentran organizados los conjuntos de palabras pertenecientes a una misma clasificación dentro de la que cumplen una misma función sintáctica, cuyo reemplazo no afecta drásticamente la estructura de la oración. Es decir, el eje sintagmático establece el orden lógico y coherente de la oración, mientras que el paradigmático ofrece un conjunto de posibles palabras a utilizar dentro del esquema establecido. Esto puede compararse con el proceso de vestimenta del ser humano: la camisa va en el torso, el pantalón en las extremidades inferiores y los zapatos en los pies. Puede variar el color de los zapatos, el diseño de la camisa o el largo del pantalón, pero siempre se pondrán en la misma parte del cuerpo.


Referencias.
Saussure, F. (1945) Curso de lingüística general (24ª ed.).  Buenos Aires: Losada.
Hockett, C. (1971) El puesto del hombre en la naturaleza. En Curso de lingüística moderna. (pp. 547-576). Buenos Aires: EUDEBA.

Angel Pacheco D'Andrea.
14/04/17


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-ENSAYO- EL TEATRO LATINO: ¿IMITACIÓN DE LA PRODUCCIÓN DRAMATÚRGICA GRIEGA?

“Grecia cautiva a su salvaje conquistador”.
Horacio.
Roma, un imperio con la constante necesidad de poderío, vio en Grecia una gran oportunidad de expansión territorial. Bien es sabido que Roma se convirtió en el gran imperio que conquistó una a una todas las naciones del Mediterráneo gracias a su afán de dominio, deseo de poder que los propios latinos atribuían a la influencia divina.
Decidida a conquistar el pueblo de la filosofía y la poesía, Roma inicia una serie de guerras que culmina con la  Batalla de Corinto, librada en el año 146 a.C., hecho  en el que el Imperio Romano se impuso sobre Grecia y puso fin a la lucha entre ambas naciones. Para esta victoria, Roma tuvo a su favor el apoyo de varios estados griegos originado por las divisiones políticas internas que vivía el pueblo helénico.  
Con la conquista, Grecia pasó a ser un protectorado romano. A pesar de perder la libertad y convertirse en una especie de territorio dominado por Roma, los griegos continuaron su vida artística, cultural y económica como si la independencia reinara en sus tierras. Fue este el detonante que permitió la influencia helenística sobre la cultura y las artes latinas.
Acostumbrados a los beneficios que traía consigo cada conquista –oro y piedras preciosas, esclavos, obras de arte y animales exóticos; grandes producciones de espectáculos como las batallas navales en el Coliseo– los habitantes de Roma vivían holgadamente, sin muchas dificultades. Lo anterior permitía que los literatos, artistas, comerciantes, poetas, filósofos y demás profesionales del Imperio viajaran y se nutrieran con nuevas culturas.
Roma era un Imperio con bajo nivel cultural. La mayoría de sus recuersos eran destinados a la guerra, la conquista, los juegos circenses, luchas de gladiadores y competencias atléticas. Se podría decir que Roma era más visceral y Grecia más intelectual. En Roma primaba la fuerza y el pensamiento táctico y en Grecia el pensamiento intelectual, el arte y la razón.
La escasa producción cultural romana les llevó a admirarse con toda la producción artística y literaria griega. Cualquier poema o escultura, por más simple que fuera, causaba en los romanos fascinación. A pesar de ser conquistadores en territorio, Roma sin darse cuenta fue conquistada por la cultura griega. “Cuando entraron victoriosos en Atenas, los romanos quedaron fascinados por la belleza de su arte, el refinamiento de su filosofía, y la dulce musicalidad de un idioma concebido para el razonamiento. Los nobles romanos comenzaron a copiar las esculturas griegas, enviar a sus hijos a aprender su idioma, asistir a sus representaciones teatrales, y deleitarse con la música y la poesía llegadas de Oriente”. (AudioGuíaRoma, s.f., parr. 5).
En este punto es reconocible cierto “respeto” por parte de los conquistadores hacia los conquistados: a pesar de haberles dominado política y territorialmente, respetaban, valoraban y admiraban la producción artística helenística, hasta el punto de inspirarse en ellas para crear sus obras, utilizar su idioma para escribir poemas y epopeya y producir quizá el cambio más trascendental en las creencias romanas: la adopción de los dioses griegos.
La literatura griega no tardó en llegar a oídos romanos. Su influencia es fundamental para el desarrollo posterior de la literatura latina, por ejemplo: La Ilíada y La Odisea de Homero inspiraron a Virgilio para escribir su Eneida y varios autores latinos escribieron al estilo griego.
En el caso de la dramaturgia, debido a la helenización de la sociedad romana a partir de la primera Guerra Púnica, las primeras piezas teatrales leídas y representadas en el Imperio Romano eran traducciones al latín de piezas griegas. Fue común en los inicios de la dramaturgia romana la superposición de piezas helénicas, tomando una de ellas  como base y agregando situaciones, escenas y/o personajes de otras para crear una nueva obra; es decir, ya en la Roma antigua se hacían versiones de piezas teatrales.
El gran período dramático del teatro en Roma –como hecho escénico completo–, vio la luz en el siglo II a.C., cuando Livio Andrónico, dramaturgo griego, fue llevado a Roma como esclavo por el Emperador Lucio Livio. Andrónico escribió tragedias siguiendo el modelo dramático griego y fueron representadas con gran acogida en tierras romanas. Posterior a Livio Andrónico, hubo grandes autores romanos que adaptaron piezas griegas al latín y las llevaron a escena como suyas. Entonces, ¿El teatro romano no es más que una burda copia del arte dramático griego?
Lo anterior remite directamente a la palabra “plagio”. Y es que son muchos los estudios que apuntan a una copia o imitación de la producción literaria griega por parte de los latinos. Sin embargo, otros historiadores y estudiosos defensores de la literatura romana se inclinan por ubicar su origen en dos vertientes distintas: Por un lado, la indiscutible influencia del teatro helenístico, pero por otro, el antecedente de las representaciones etruscas. Existen registros de “juegos escénicos” y  “juegos circenses”, el mimo, la farsa atelana –de tono satírico– y representaciones de ritos religiosos en honor a los dioses,  que datan de mucho antes del contacto de Roma con Grecia, prueba de la incipiente pero original producción escénica del Imperio Romano.
Los “juegos escénicos” latinos eran representaciones sin texto, acompañadas de danza y flauta, donde los intérpretes se disfrazaban y cantaban coplas de carácter mordaz y obsceno. Estas representaciones son el origen de la comedia latina, posteriormente influenciada por la comedia griega.
 La estructura teatral propiamente dicha –escenas, actos, personajes tipificados, el vestuario y el modelo del escenario y del texto teatral– es tomada de los griegos como ejemplo, como punto de partida. Es razonable que, al ser un género prácticamente desconocido para los romanos, sea necesario primero el proceso de acercamiento, estudio, integración, e imitación –mímesis– del modelo más cercano –en este caso el griego– para una posterior apropiación del género y la creación de piezas originales, evidenciada en autores como Plauto y Séneca, quienes se valieron de ciertos temas griegos y de la apropiación de su creencia politeísta para desarrollar piezas más cercanas a las costumbres latinas.  
La diferencia esencial entre las incipientes producciones escénicas romanas –anteriores al contacto con el pueblo helénico– y el teatro griego completamente estructurado, era la función y necesidad que significaba la representación para cada región: mientras que para los griegos el teatro se representaba para reflexionar, educar e incluso mantener una ideología política y religiosa en la población, los romanos llevaban a cabo sus “juegos escénicos” con el único motivo de entretenerse en los períodos de descanso –otium (ocio) – posteriores a las guerras de conquista.
Otra razón para no considerar la producción dramática latina como una vil copia del teatro griego es la cantidad de aportes y modificaciones que los romanos hicieron al modelo teatral helénico luego de su apropiación. Si bien dividieron el género en dos subgénero al igual que los griegos –comedia y tragedia– los romanos cambiaron los metros poéticos adaptándolos a su lengua, le dieron más relevancia al contenido musical, suprimieron el coro, trataron los temas con mayor sencillez y comicidad, aportándoles su toque satírico y grotesco; agregaron nuevas escenas y personajes a las piezas y, en pequeña medida, crearon nuevas piezas teatrales inspiradas, y solo inspiradas en la cultura y el politeísmo griego. Además, la producción del espectáculo romano superó en sobremanera la de las representaciones griegas, esto por dos razones principales: primero, el exceso de recursos económicos con los que contaba Roma debido a su estatus de Imperio, y en segundo lugar, como se comentó anteriormente, el carácter de espectáculo de entretención y diversión que le asignaron los romanos al teatro, en contra parte al carácter sagrado, educativo, social y moralista de los griegos.
En conclusión, es imposible apuntar a una originalidad plena en las piezas teatrales latinas debido a que la influencia griega está más que comprobada, pero tampoco es totalmente certero inclinarse por la teoría de que los romanos copiaron y plagiaron indiscriminadamente la dramaturgia griega y se apropiaron de ella, haciéndola suya. Sí, hubo una imitación primaria, pero ésta, con el tiempo, se convirtió en un espectáculo propio, con elementos autóctonos y piezas mucho más cercanas a la originalidad.
Roma, como el gran Imperio de occidente, supo valerse de su poder político, económico, bélico y estratégico para apropiarse de los aspectos más relevantes de las culturas propias de las naciones que conquistaba, mejorándolas en ciertos aspectos y posteriormente creando, a partir de ellas, caracteres originales, y el teatro no fue la excepción.
 Angel Pacheco D'Andrea.
14/04/17

 Referencias.
AudioGuíaRoma (s.f.) El encuentro con Grecia. Recuperado de: [http://www.historia-roma.com/12-encuentro-con-grecia.php]
De Larra, M. (s.f.) Literatura latina: Teatro. Recuperado de: [http://almacendeclasicas.blogspot.com/2013/05/literatura-latina-teatro-latino.html].
Instituto de Educación Secundaria Alagón. (s.f.) El teatro romano. Recuperado de: [https://mdriog.files.wordpress.com/2011/10/teatro.pdf]
La guía de Historia (2008) La conquista de Grecia. Recuperado de: [http://www.laguia2000.com/edad-antigua/la-conquista-de-grecia#ixzz4czgBPup2].
La Otra Ventana (2013). Teatro en la Antigua roma. Recuperado de: [http://laotraventana.obolog.es/teatro-antigua-roma-2268343]

Ministerio de Educación del Gobierno de España. (s.f.) Cultura clásica: literatura latina. Recuperado de: [http://recursos.cnice.mec.es/latingriego/Palladium/cclasica/esc334ca7.php]
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